Sed española por el oro


Lo que más extrañaba a los nativos es que los españoles nunca estuvieran satisfechos de ofrendas. Me veo tentado a sonreír con indulgencia al pensar cuán incomprensible era para ellos la avidez por el oro que muestran estos hombres. «Son incapaces», decía el testimonio de un cacique, «de ver el poder de los brazaletes, la virtud de los cascos, la compañía que brindan los poporos, el modo como actúan las narigueras, los pectorales y las pezoneras que las hermanas llevan en sus pechos. Todo lo amontonan sin consideración, o lo derriten para acumularlo en panes inútiles en sus bodegas».

William Ospina
Ursúa
Editorial Alfaguara, Bogotá, 2006
p. 180

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