La Catedral de Burgos

Tres actitudes ante el trabajo


Cuando se construía la Catedral de Burgos uno de los reyes de Castilla visitó la obra en construcción. Al pasar junto a tres canteros que labraban la piedra con cincel y martillo, les preguntó qué hacían. El primero le dijo: "Me gano la vida". El segundo contestó: "esculpo una imagen de un ángel". El tercero dijo orgullosamente: "estoy construyendo la Catedral de Burgos".

Tres actitudes diversas frente al trabajo: Primero, una concepción individualista y egoísta del trabajo: "trabajo principalmente porque me pagan". Es una visión puramente económica del trabajo, muy ligada con esa ideología del liberalismo económico clásico, propio del capitalismo salvaje y que tuvo gran influencia desde la Revolución Industrial hasta la gran crisis económica de 1930. La segunda refleja una visión de la utilidad social del trabajo: una contribución al progreso de la comunidad: una escultura es para que la disfruten los que la conozcan. El que dijo que construía la Catedral de Burgos refleja una concepción del trabajo que va más allá del trabajador y sus paisanos. Este trabajador hacer parte de quienes construyen un monumento perdurable que se eleva en homenaje a la divinidad y que puede durar siglos y ser conocido y disfrutado por personas de todo el mundo, como ha ocurrido, en verdad, en el caso de la Catedral de Burgos.

Tengo la impresión de que una buena parte de los seres humanos se pasan una parte considerable de su tiempo trabajando y sólo descubren el valor económico del trabajo. Un número menor de personas descubre el valor social del trabajo como servicio a otros y contribución al progreso de la sociedad.

Un número indeterminado de los anteriores descubre el valor espiritual del trabajo, lo cual es una dimensión compatible con las dos anteriores. Esta dimensión del trabajo consiste en trabajar bien, porque el trabajo es una ofrenda al Creador y un servicio a los otros. Para hacer un trabajo bien hecho hay que cuidar las cosas o detalles pequeños y adquirir por la repetición los hábitos o virtudes indispensables para un buen trabajador: responsabilidad, puntualidad, honradez, laboriosidad, lealtad, espíritu de servicio, eficacia, creatividad, cortesía y otras virtudes que constituyen la característica de un buen trabajador y que nos ayudan a educar la voluntad y a contrarrestar los hábitos contrarios que llamamos vicios.

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