El canto de las jorobadas


Al sumergirse una ballena grande, se crean corrientes al paso de la mole de carne que suben a la superficie formando una columna en remolino que aquieta la agitada superficie del mar. Los naturalistas han bautizado este prolongado rastro de agua cristalina como la huella de la ballena. Entre las islas hawaianas de Maui y Lanai, Jim Darling enfiló su pequeña embarcación tras el rastro de un remolino recién formado. La ballena podía verse suspendida, cabeza abajo, a 12 metros bajo el agua en las azules profundidades con sus brazos, o aletas, de cuatro metros y medio de largo, extendidas a los lados como alas. "Esa es la postura más frecuente que las ballenas jorobadas adoptan cuando cantan", explico Darling.

Un hidrófono suspendido debajo del bote captó la voz del animal y la transmitió a una grabadora. Podíamos escucharla con audífonos, pero casi no eran necesarios. La música reverberaba a través del casco y salía a la superficie con las olas. Ruidos sordos como los producidos por la octava más grave del órgano de tubo de una catedral cedieron el paso a gemidos lastimeros y después a glissandos, como el chillido del aire que se escapa de un globo al estirarle el cuello.

Con las notas construyendo frases y estribillos, el canto de las ballenas jorobadas puede ser el más largo (hasta 30 minutos) y el más complejo del reino animal. Todas las ballenas jorobadas de una región determinada entonan el mismo canto, que evoluciona constantemente. Los especialistas han analizado las frecuencias, los ritmos y la armonía, así como la forma en que los temas cambian de año con año y varían de una población a la siguiente. Sin embargo, nadie comprende en realidad el significado de estas intrincadas arias.

National Geographic Magazine V.5 n.1 – julio 1999

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