Andar tranquiliza


Andar tranquiliza. En el acto de andar hay una virtud curativa. Poner un pie delante de otro con regularidad, agitando al mismo tiempo rítmicamente los brazos, el incremento de la frecuencia respiratoria, la ligera estimulación del pulso, la necesaria actividad de ojos y oídos para determinar la dirección y mantener el equilibrio, la sensación del aire en movimiento sobre la piel... todo esto influye de manera inequívoca en el cuerpo y el ánimo y hace que el alma crezca y se ensanche, por grandes que sean sus preocupaciones y heridas.

La paloma, p. 108
Patrick Süskind
Seix Barral, Bogotá, 1987, 126p

Otras lecturas