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OSCILACIÓN DEL ATLÁNTICO NORTE (NAO)

 

 RESUMEN

Las siglas NAO hacen referencia a un fenómeno oceánico -  atmosférico, la North Atlantic Oscilation, que es objeto de estudio para comprender la interacción entre los mares y los procesos atmosféricos. En concreto, es como una especie de El Niño pero en versión hemisferio norte. Así, que se trata de estudiar las corrientes cálidas marinas y relacionarlas con la actividad y dinámica de las borrascas sub-polares, las que discurren desde Terranova hacia las islas Británicas. Según las investigaciones más recientes la temperatura de las aguas marinas en el Atlántico norte sufren una serie de fluctuaciones según el año. Hay años con una temperatura claramente más alta que otros. Y todo ello provoca una variación en la circulación de las borrascas zonales. Así, años con una temperatura baja en el Atlántico las depresiones circulan más al norte y las lluvias invaden Gran Bretaña y Escandinavia, mientras que un potente anticiclón gana frecuencia en las islas Azores y hay sequía en la península Ibérica y algunas veces hasta en los países alpinos. Por el contrario, las aguas relativamente cálidas favorecen que las borrascas discurran más al sur y afecten Portugal, España y Francia, como ocurrió los inviernos 95-96, 96-97 y 97-98. Además observando las temperaturas oceánicas se puede llegar a vaticinar el tiempo probable para los próximos meses o incluso en el plazo de cuatro años. De ahí la gran importancia de este descubrimiento, la posibilidad de predecir épocas de lluvias y sequías a largo plazo a lo largo de la Europa occidental. La Oscilación del Atlántico Norte se estudia básicamente a través de un factor de gradiente de presión atmosférica entre las islas Azores e Islandia. Según el signo de este gradiente (diferencia de presión) el invierno puede ser más o menos lluvioso, toda una revolución en el campo de las previsiones meteorológicas.

 

INTRODUCCIÓN

 

Después de El Niño, este fenómeno es uno de los fenómenos mas dominantes de variabilidad de clima global. En un diario que guardaba en Groenlandia, el misionero Hans Egede Saabye durante los años 1770-78, hizo la siguiente observación: "En Groenlandia, todos los inviernos son severos, aunque ellos no son iguales. Los Daneses han notado que cuando el invierno en Dinamarca es severo, el invierno en Groenlandia en su manera es suave, y al contrario." D.Crantz en su libro “Historie von Gronland” publicado en 1765 también escribe sobre la oposición de inviernos en las dos regiones. Hann (1890) ilustraba la variación utilizando 42 años de temperaturas medias mensuales, desde Jakobshavn en la costa oeste en Groenlandia y Viena en Austria. Estudios mas tardes usaron datos de Oslo, Noruega en lugar de Viena. Esta variación de temperatura en el Atlántico Norte es ahora conocida  como una manifestación de la NAO. Así pues, hace más de 200 años, los misioneros europeos en Groenlandia ya observaban que a los inviernos muy fríos en aquellas latitudes polares, correspondían inviernos benignos en Europa.

 

La NAO es la razón  dominante de la variabilidad del clima de invierno en la región de Atlántico Norte que se extiende desde Norteamérica central hasta Europa y gran parte del norte de Asia. La NAO es una variación atmosférica a gran escala entre el punto alto subtropical y un punto bajo polar. El índice correspondiente varía a partir de un año al otro año, pero también presenta una tendencia a permanecer en una fase en  intervalos que duran varios años.

 

De momento, lo que se sabe es que cuando las presiones atmosféricas en el Atlántico central son superiores a lo normal, los vientos fuertes del oeste que giran alrededor del Polo son más fuertes y mantienen confinado el aire frío en latitudes septentrionales. En esta situación llueve más en el norte de Europa, por donde pasan las borrascas, mientras que en la región mediterránea se produce una sequía. Además, esta situación provoca que los vientos más meridionales del Atlántico Norte, los alisios, soplen con más fuerza hacia el oeste. 

Esta situación coincide cuando el anticiclón de invierno en las Azores se sitúa durante semanas en esta zona, impidiendo que las borrascas alcancen latitudes más meridionales. 

El NOA contrario, se produce cuando los índices barométricos son inferiores a lo normal en el Atlántico central, provoca que el frío se traslade más al sur, lo que a su vez hace que las borrascas alcancen estas latitudes y la humedad llegue a la región mediterránea, mientras que la sequía y el frío se trasladan al norte de Europa.

Cuando la NAO está en su índice positivo, es decir, cuando los centros de bajas presiones sobre Islandia y el Ártico y los de altas presiones en las Azores están reforzados, se producen vientos más fuertes de los normales en altas latitudes. Esta fase significa, por tanto, un tiempo más seco en el Sur de Europa y Oriente Medio, e inviernos más húmedos y tormentosos en el Norte de Europa y la costa Este de Estados Unidos.

La fase negativa de la NAO consiste en el debilitamiento del anticiclón de las Azores, que permite que las borrascas atlánticas se desplacen por latitudes más bajas de las habituales, de manera que se aproximan a Galicia, dejando más lluvias de lo que es costumbre incluso por estas tierras y llegando a provocar situaciones aún menos comunes en otras comunidades autónomas menos húmedas.

Esto podría explicar un poco el invierno seco de 1998 que vivió Galicia. No obstante, estudiosos del tema indican que desde los años 70 la fase positiva de la NAO es la que ha primado.

 

Índice positivo de la Nao

 

 

 Índice negativo de la Nao

 

·        La costa del este de los E.E.U.U. experimenta brotes de un aire más frío y por lo tanto condiciones atmosféricas nubladas, pero sin precipitaciones.

 

Todo este ciclo del índice positivo y negativo oscilaba normalmente cada década. Pero se ha venido abajo los últimos 30 años, en los que se han producido cambios inusuales o desconocidos (no hay datos meteorológicos fiables más allá de los últimos 50 años), con presiones atmosféricas cada vez más bajas en el Polo Norte y, por tanto, presiones barométricas altas en el Atlántico central. El clima en el Atlántico Norte se ha detenido las últimas tres décadas en una fase más cálida, con menos lluvias de lo normal, por ejemplo en España correspondería a inviernos suaves y escasez de lluvias, como los que  vienen sucediendo.

Esta característica de una tendencia hacia una fase más positiva de la NAO sobre los últimos 30 años ha motivado muchos estudios recientes. De hecho, la magnitud de esta tendencia aparece recientemente sin ser precedente en el expediente de observación (Hurrell 1995a), y basado en reconstrucciones usando datos del paleoclima (Stockton y Glueck 1999). Las anomalías más pronunciadas han ocurrido desde el invierno de 1989 (Hurrell 1995a; Walsh et al. 1996; Thompson y Wallace 1998; Watanabe y Nitta 1999) cuando se han registrado los valores positivos de un índice de la NAO. Por otra parte, la tendencia en la NAO produce varios cambios notables recientemente en el clima y el tiempo sobre las latitudes medias y altas del hemisferio norte, así como en ecosistemas marinos y terrestres. Entre estos cambios están:

·        Aumento de  los vientos subpolares del oeste desde la superficie a la estratosfera más baja (Thompson et el al. 1999).

·        Inviernos más suaves en Europa, corrientes bajas a través de Asia  contra inviernos más severos sobre Canadá del este y el Atlántico del noroeste (Hurrell 1995a; Wallace et al. 1995; Hurrell 1996; Shabbar et al. 1997; Thompson y Wallace 1998).

·        Cambios regionales en los modelos de la precipitación (Hurrell 1995a; Hurrell y van Loon 1997; Dai et al. 1997) dando por resultado el avance de algunos glaciares europeos del norte (Hagen 1995; Sigurdsson y Jonsson 1995) y el retroceso de los glaciares Alpinos (carta franca 1997).

·        Cambios en la cubierta de hielo en ambos mares de Labrador y de Groenlandia así como sobre el ártico (Chapman y Walsh 1993; Maslanik et al.1996; Cavalieri et al. 1997; Parkinson et al. 1998; McPhee et al. 1998; Deser et al. 1999).

·        Disminuciones en la presión media a nivel del mar (SLP) sobre el ártico (Walsh et el al. 1996).

·        Cambios en las características físicas del agua de mar en el ártico (Sy et el al. 1997; Morison et al. 1998; McPhee et al. 1998; Dickson 1999; Dickson et al. 1999a, b).

·        Cambios en la intensidad de la convección en los mares Labrador y los de Greenland-Iceland (Dickson et el al. 1996; Houghton 1996) la cuál alternadamente influencia la fuerza y el carácter de la circulación atlántica meridional.

·        Tendencia en el Atlántico Norte de ondas superficiales altas (Kushnir et al. 1997).

·        Cambios en la producción del zooplanton y en la distribución de pescados (e.g., Fromentin y Planque 1996).

·        Cambios en la longitud de la estación de crecimiento sobre Europa (poste y Stenseth 1999), y cambios en los procesos dinámicos de la población de varias especies terrestres (poste et el al. 1999; Stenseth et al. 1999).

Este comportamiento sin precedente de la NAO en décadas recientes y, más generalmente, su comportamiento pronunciado de baja frecuencia sobre el registro más largo ha agregado a la discusión sobre nuestra capacidad de detectar y de distinguir entre el cambio natural y antropogénico del clima. Hurrell (1996) ha mostrado, por ejemplo, que la tendencia ascendente reciente en la NAO considera mucha de la superficie regional observada que se calienta sobre Europa y Asia, así como se enfría sobre el Atlántico del noroeste. La NAO considera cerca de la mitad de la variación superficial de temperatura interanual hemisférica sobre los últimos 60 inviernos. Puesto que las temperaturas medias globales son dominadas por la variabilidad de temperatura sobre las tierras del norte, como respuesta a los cambios observados en la circulación atmosférica, una fracción significativa de temperaturas superficiales globales tienden a aumentar. En detalle, los cambios sobre el Atlántico Norte se asocian al NAO (véase también Graf et el al. 1995; Thompson et al. 1999). Puesto que la NAO es un modo natural de la variabilidad atmosférica, uno podría discutir que mucho del calentamiento reciente no esté relacionado con la acumulación de los gases de invernadero en la atmósfera en el último siglo. Este punto de vista, sin embargo, no hace caso omiso de la posibilidad que el cambio del clima pudo ser  influenciado por factores antropogénicos (Palmer 1999; Corti et al. 1999). Entender los mecanismos físicos que gobiernan la NAO y su variabilidad, y cómo las formas de variabilidad natural del clima, tales como el NAO se pueden influenciar por el cambio antropogénico; sigue siendo, preguntas centrales de la investigación.

 

Si los pronósticos de la NAO no son completamente fortuitos, entonces puede ser posible pronosticar el fenómeno con alguna habilidad mensurable. La NAO ha marcado una variabilidad en tiempo cuasibienal y esta podía permitir hacer algunos pronósticos temporales. Sin embargo, no debería olvidarse que las latitudes medias contienen una cantidad grande de disturbios de tiempo atmosférico de frecuencia alta y estas pueden tener habilidades para deteriorar. La NAO ha mostrado recientemente una conducta de tendencia decenal fuerte y puede ser posible que modelos de atmósfera - océano podrían imitar estas tendencias. Aquí están algunos pronósticos de la región Atlántico Norte y la NAO: A causa de su choque dominante en el tiempo atmosférico y clima de Europa, hay un creciente interés en cuantificar los limites posibles temporales e interanuales para la  previsión de la NAO. Sin embargo, desafortunadamente, el NAO es un fenómeno de latitud - media notable con un espectro cerrado de poder casi plano de un blanco notable y así incluso las mejores posibles predicciones lineales no son capaces para explicar mas que el 10% de la variación total.

 

Entre tanto misterio las investigaciones avanzan en dos líneas. Por un lado, el estudio de series históricas, comparando las precipitaciones a uno y otro lado del océano y viendo con qué periodicidad se repite un comportamiento semejante.

El principal problema con el que tropieza esta vía es la escasez de series amplias en el tiempo para sacar conclusiones. En el mejor de los casos se dispone de datos de un siglo atrás, un período de tiempo que en climatología es escaso.

 

Mientras los científicos se afanan en explicar el NOA y su fenómeno inverso, otros datos climáticos alarman a los expertos e inciden en las mismas tendencias de calentamiento. El espesor de la capa de hielo del Artico ha disminuido en 1,30 metros de media.

Los submarinos norteamericanos también han dado el dato de que la extensión de hielo del Ártico ha retrocedido un 5%. Se añade que las aguas relativamente más calientes del Atlántico se han introducido un 20% más de superficie en esta zona polar. Finalmente, las aguas que rodean el Ártico han subido un grado centígrado.

Todo ello empieza a componer un modelo climático, en el que los expertos no descartan que el Ártico podría quedarse sin hielo un verano de uno de los próximos decenios. ¿Cómo? Cuanto menos hielo queda menos reflexión solar existe; y se produce un efecto multiplicador por el que más hielo se derrite. El agua capta un 90% de las radiaciones, mientras que el hielo refleja la mayor parte de esta energía.

Hace 400.000 años, cuando el clima en la Tierra era como el actual, ocurrió este fenómeno según los indicios de algunos científicos. Si se repite el fenómeno, las consecuencias serán, cuando menos, muy traumáticas. Para empezar, según declaró a National Geographic Dave Clark, un geólogo marino de la Universidad de Wisconsin, los modelos informáticos que maneja le avisan que la circulación oceánica cambiaría de sentido. ¿Se imaginan una rotación contraria de las corrientes marinas?

«La ausencia de hielo en el Ártico cambiaría las pautas climáticas en el hemisferio norte», asegura con rotundidad Dave Clark.

Quedan las preguntas del millón. ¿Obedece todo esto al cambio climático? ¿Tiene que ver con el denominado efecto invernadero? Y si es así, ¿está la Humanidad a tiempo de evitar traumatismos de esta envergadura?

 

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

 

·        El clima del sector Atlántico y de los continentes circundantes exhibe variabilidad considerable en una amplia escala de tiempo. La comprensión mejorada de esta variabilidad es esencial para evaluar el rango probable de las fluctuaciones futuras del clima y del fragmento a las cuales estas fluctuaciones son fiables, y para evaluar el impacto potencial del cambio climático debido a fuerzas antropogénicas.

·        El estudio del comportamiento de la NAO en distintos puntos del hemisferio Norte es fundamental para explicar un fenómeno del que el profesor advierte aún queda mucho por averiguar y cuyo conocimiento pasa por saber a qué responde su oscilación. "La variabilidad se presenta completamente aleatoria, bastante errática, difícil de predecir, no se sabe su origen''.

 

REFERENCIAS

http://www.ldeo.columbia.edu/NAO de Martin Visbeck

http://www.met.rdg.ac.uk/cag/NAO/index.html de David B. Stephenson

http://earthobservatory.nasa.gov/Study/NAO/

 

Sergio Andrés Orozco

Ana María Villegas

 


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