Hacia un manejo integrado de las corrientes superficiales para la ciudad


Quisiéramos aprovechar el espacio que nos brinda este Tercer Encuentro Regional del Agua para incitar a una reflexión, que nos hubiera parecido impensable dos años atrás, pero que después de la experiencia vivida durante el desarrollo del trabajo que hoy presentamos toma validez.  Hacemos recuerdo de esa sensación de estudiante de ingeniería de querer saberlo todo, de querer aprender lo que como humanidad hemos venido desarrollando.  Mirándolo así, se trataba de aprender a hacer las cosas tal y como debían hacerse, tal y como venían haciéndose.  Y sin querer ser irreverentes con nuestros colegas ni desconsiderados con nuestro sistema de organización política y administrativa los invitamos a reflexionar acerca de nuestra idea de ciudad.  Realmente desconocemos dónde se origina nuestra actual forma de distribución urbana.  Miremos un poco las consecuencias de lo que hemos venido construyendo, tengamos muy presente la expresión manejo integrado y preguntémonos si lo que hemos querido hacer es integrarnos al medio natural o por el contrario aislarnos de él, porque reconociendo la importancia del agua como elemento en la vida de todo organismo, deberíamos preocuparnos por el mantenimiento de su condición natural y no sólo eso, pensemos en lo que puede significar el movimiento del agua para nuestro ser pensante, ¿no creen ustedes que la misma movilidad de sus corrientes son motor para la movilidad de nuestros pensamientos?, el agua no sólo es importante como elemento físico, también cumple una función espiritual.  Ahora pongámonos en la tarea de revisar lo que hemos venido haciendo para el mantenimiento de estas cualidades físicas y espirituales del agua.  Para las primeras necesitaríamos realmente conocer los mecanismos que utiliza el agua en la formación de cauces y llanuras y saber además cómo podemos utilizarla y entregarla luego en un estado casi natural.  Sin embargo, no hemos sabido tener esto en cuenta porque a los mecanismos geomorfológicos hemos preferido canalizarla y a veces hasta encerrarla en conductos subterráneos; en cuanto a su uso, la hemos utilizado para disponer nuestros desechos y esto último lo hemos hecho más desde nuestras ciudades que en los mismos campos; no alcanzamos a comprender porqué al campesino se le obliga a construir estructuras de tratamiento como condición para prestarle el suministro del agua potable, mientras que en las ciudades se cobra para disponer esos desechos en las mismas fuentes de agua, ¿no parece paradójico que la tecnología de tratamiento se aplique más en el campo que en las ciudades?  Y ahora analicemos nuestras acciones desde lo espiritual.  Situémonos en un lugar completamente estático donde nada fluye, donde no hay un movimiento de los elementos fluidos, no hay agua y el aire está quieto, ni la hoja de un árbol se puede mover, ni un grano del suelo puede ser arrastrado, ¿Qué podríamos sentir en ese lugar? Y vamos a un sitio de cascadas exuberantes donde agua y aire se entremezclan, donde de una aparente suavidad en las alturas resulta una fuerza descomunal en los fondos, o sencillamente, imaginémonos frente a una simple corriente de agua, igual que sucede con el movimiento de la llama en la chimenea, podríamos permanecer todo el tiempo observando y contemplando sus movimientos.  Pero resulta que hemos decidido privarnos de esa contemplación, hemos definido unos pobres delineamientos para el curso de las aguas mediante canalizaciones rectas y profundas o en otros casos hemos decidido perder de vista al agua mediante aquellas conducciones subterráneas.  Entonces, según lo expuesto hasta aquí no podríamos hablar de haber hecho un manejo integrado de las corrientes superficiales para la ciudad, sin embargo, podemos recuperar lo perdido y deshacer lo hecho y podemos pensar desde nuestros corazones cómo sería la ciudad que quisiéramos tener y cómo podríamos manejar el recurso que el elemento agua nos proporciona.

Desde la experiencia vivida durante la elaboración del documento de actualización del tema de la Cátedra del Agua identificado como “Crecidas, Torrentes y Asentamientos Humanos” se nos ocurre sugerir lo siguiente.  Necesitamos como punto de partida revisar la significación que tenemos del agua como elemento (en verdad no sobraría hacerlo con los elementos aire y suelo).  Luego de esta revisión introspectiva vendría la conexión de nuestras ideas con su ejecución.  Cualquiera de ustedes podrá estar pensando lo difícil que puede ser la formulación, programación, planificación y la ejecución de esas ideas cuando por nuestras ciudades pasan cada cierto tiempo, por períodos realmente breves, distintas administraciones.  Pero esto no debe ser impedimento, vamos a atrevernos a formular una acción que dé continuidad a nuestras ideas y que las vitalice con el tiempo: en la medida que hagamos del agua un elemento cultural, sobrevivirán nuestras ideas.  Y no se piense ahora que se trata tan sólo de enseñar en las escuelas a modo de suplir nuestras deficiencias culturales como se ha hecho con la educación sexual, las lenguas francesa e inglesa, la drogadicción o la ecología.  No, la cultura no sólo se hace en las escuelas, la cultura debe emanar de nuestros gobernantes, dirigentes, ingenieros, médicos, economistas, artistas ,empleados, vendedores, impregnando todo el pueblo.  La cultura es el garante de un trabajo continuo, coherente, direccionado.  Este trabajo lo hemos querido iniciar desde la Cátedra del Agua.  Pero además la cultura no hace escogencia entre espectador o actor, más bien la cultura pervive gracias a ese dualismo.  Es también lo que se ha pretendido cultivar desde la Cátedra mediante la relación Universidad-Empresa.  Una vez hagamos conciencia de esa significación del agua, cuánto podría ayudarnos en su conocimiento la construcción biográfica de cada cauce que la alberga, de cada planicie que la recibe en ocasiones.  La más terrible sorpresa que nos ha dado este trabajo que hoy presentamos ha sido sin duda la de sentirnos huérfanos de una historia regional del agua, una sorpresa que acabó definitivamente con aquella sensación de estudiante de creer que todo estaba correctamente definido.

Juan Fernando Barros Martínez
Cátedra del Agua
Tercer Encuentro Regional del Agua
Crecidas, torrentes y asentamientos humanos
Escuela de Ingeniería de Antioquia
Medellín, viernes 23 de noviembre de 2001